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He cambiado y mis metas también han cambiado

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He cambiado y mis metas también han cambiado

Cuando tenía entre 20 y 25 años, imaginaba mi vida tranquila y bonita, con un buen trabajo, pareja, lo de siempre.

Tenía como meta llegar algún día a trabajar de forma independiente, pero yo sola, y esa idea realmente ya no me emociona mucho. Creía que iba a hacer los mejores anuncios de televisión porque, al final, para eso había estudiado Publicidad. Creía que para mis 30 ya podría haberme estabilizado lo suficiente como para comprar mi propia casa, yo sola, probablemente amarrada a un crédito toda mi vida.

Y nada de eso está mal.

Pero la vida comenzó a darme experiencias nuevas que cambiaron mi forma de pensar y mis metas.

Comencé a viajar y a descubrir nuevas culturas, nuevas formas de pensar de otras sociedades. Mi trabajo como publicista se enfocó en el área de marketing digital y me especialicé en las redes sociales, al punto de que hacer anuncios de televisión ya ni pasaba por mi mente. Pero sí comencé a amar las redes sociales y a ver el impacto tan grande que podía tener en personas dentro y fuera de mi país.

Conocí personas que nunca pensé que iban a llegar a mi vida, muchas muy bien intencionadas y otras no tanto, porque en mi burbuja todo el mundo era bueno, y conocer personas malas o con malas intenciones me hizo aprender mucho de golpe.

También conocí personas que me abrieron la mente y me hicieron creer que ni el cielo es el límite y que puedo lograr muchísimas cosas.

Hoy valoro mucho más las conexiones reales con las personas, las experiencias que quedan guardadas en mi mente y, sobre todo, las que me hacen sentir mejor conmigo misma.

Y cuando me di cuenta, comencé a tener nuevos sueños y nuevas metas.

Y esto es un gran aprendizaje que me quedó: muchas veces no cambiamos nuestras metas porque fracasamos, sino porque descubrimos nuevas posibilidades.

Tal vez durante un tiempo me costó dejar ir sueños anteriores, pero se hizo más fácil cuando reconocí a la persona en la que me estaba convirtiendo y las nuevas metas de esta nueva versión mía.

Y no, no me sentí ni fracasada ni enojada conmigo misma, aunque esto puede suceder y es normal. Más bien me sentí emocionada por estar viviendo cosas nuevas desde mi autenticidad.

Sí llegó un tiempo en el que me preocupaba mucho lo que otras personas pensaran de mí. Y ahí sí perdí mucho tiempo y energía. ¡Pero muchísimo!

Hasta que pensé: ¿qué carajos? Lo que piensen de mí y de mis decisiones NO ME VA A IMPORTAR MÁS.

Mi vida es solo una y quiero vivirla con mis propias reglas y en busca de mi propia felicidad.

Lo más difícil tal vez fue aceptar que dejar ir viejas metas era dejar ir una parte de mí, pero una parte que no soltaba con desprecio, sino con gratitud por haberme guiado a nuevos caminos.

Ahí descubrí que está bien cambiar de metas, siempre y cuando sean metas propias, metas que me acerquen más a mí misma y a mi versión más real y auténtica.

Porque ahí empiezas a sentir libertad, esa libertad de saber que ya no cumples expectativas ajenas o incluso las de tus versiones anteriores. Ahora cumples solo tus propias expectativas.

Eso, chicas, se llama libertad de reinventarme, y eso no lo cambio por nada.

Hay una diferencia entre abandonar una meta por miedo y dejarla ir porque ya no la deseas.

Abandonarla por miedo hace que no crezcamos, que no avancemos, que nos decepcionemos y nos quedemos con el sinsabor del «¿qué hubiera pasado?».

Pero dejarla ir porque ya no la deseamos hace que descubramos nuevas versiones de nosotras mismas, intereses, gustos nuevos, fortalezas nuevas y la satisfacción de decir: quise, lo intenté y lo logré.

Aprendí que escucharme a mí misma es más importante que cualquier otra cosa, más importante que escuchar a los demás o lo que se dice en redes.

Hoy tengo metas y sueños nuevos, hasta viajar por el mundo motivando a mujeres, algo que antes ni por la mente me hubiera pasado y que hoy es mi sueño más próximo y mi nuevo propósito de vida.

Éxito para mí ahora significa intentar todo por lo que tanto deseo, no rendirme, buscar puertas, agradecer las que se abren y las que se cierran.

Me emociona de esta etapa que cada día me conozco más y mejor. Estoy madurando, en muchas cosas, pero madurando.

Si sientes que estás renunciando a tus sueños, te voy a decir una cosa: vida solo hay una, y vas a amar mucho más a la versión tuya que decide actuar, que acepta cambiar y que se abre a lo nuevo que la vida le quiere dar.

Si en diez años vuelvo a ver a esta Prisci de 33 años que está escribiendo este blog, quiero recordar que en esta etapa de mi vida:

APOSTÉ TODO POR MÍ MISMA, PORQUE CREO 100 % EN MÍ.

¿Vos cómo querés recordarte en diez años?

Contame que te voy a leer. Con amor: Pris Romero, MUJERÓN PROJECT

Comentarios (1)

Murcia

Lo que necesitaba leer esto hoy. Justo estoy pasando un proceso me siento mal del divorcio pero descubrí nuevas cosas que quiero en mi vida y quiero disfrutarlas